De su puño
nació un verso,
arraigado y con temor.
En una triste mañana
con lluvias y sin sol.
En su dolor se contemplaba el miedo,
a un nuevo verso vacío.
A una historia sin retazos,
a una palabra sin voz.
Peleada con las letras,
con el relato y el teatro.
Peleada con el papel,
con la tinta y el corrector.
Por el miedo a equivocarse,
a escribir cada vez peor.
Apagaba aún más sus versos,
los volcaba en desilusión.
Y aun con el mejor soneto,
no se sentía mejor.
arraigado y con temor.
En una triste mañana
con lluvias y sin sol.
En su dolor se contemplaba el miedo,
a un nuevo verso vacío.
A una historia sin retazos,
a una palabra sin voz.
Peleada con las letras,
con el relato y el teatro.
Peleada con el papel,
con la tinta y el corrector.
Por el miedo a equivocarse,
a escribir cada vez peor.
Apagaba aún más sus versos,
los volcaba en desilusión.
Y aun con el mejor soneto,
no se sentía mejor.
Se refugiaba
en Quevedo,
en Góngora, en su profesor.
en Góngora, en su profesor.
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