Estimada mejor amiga:
Tú que has sido mi amiga constante, mi fiel conciencia y compañera de buenos ratos. Nosotras, que hemos crecido juntas, hemos llorado y hemos reído; pasado desgracias y atendido a bromas, Yo nunca fui perfecta, tú nunca fuiste la mejor amiga del mundo, pero aun así lográbamos complementarnos mutuamente. Y no quisiste entender mis motivos, darme un espacio, dejarme respirar. Querías saberlo todo, conocer todos los porqués y no confiaste en mí. Y eso era lo más importante, lo único que a una amiga puede pedírsele.
Y así, pediste el divorcio y te separaste de mí, la uña se desprendió de la carne; el pez payaso abandonó la anémona de mar. Y por más seria que fuera la situación, sólo pude reírme. Quizá pretendías que me retractara y te implorara perdón, perdón por ser quien soy y como soy, y eso es algo que no debe cambiarse. Aunque las dos sabemos en realidad por lo que el pez payaso abandonó a la anémona de mar, ya que el tonto e inocente pececillo creía haber encontrado un lugar más seguro. ¡Qué estúpido pez, que cambió su hogar por unos cartones en la calle! Y sin dramatizar o exagerar, sin inmutarme a insultos y comentarios te he esperado pacientemente, deseando que todo fuera una absurda broma y que siguiera siendo como antes, porque, por más que lo podían ver mis ojos, mi corazón no quería creerlo, tú, mi mejor amiga, eras idiota, estúpida e inocente y no sabías distinguir un pequeño tiburón de una orca asesina. Pero en realidad, una parte de mí te conocía. Sabe que no tienes personalidad, ni criterio por ti misma, que, tal y como el resto, eres superficial e ingenua, que estás sobreprotegida por tu círculo y no tienes ni un atisbo de picardía, de insolencia y de atrevimiento, para poder vivir a salvo en un mundo como este, donde, las lagartas salen a cazar las presas más fáciles, y tú, mi buena amiga, eres un claro ejemplo.
Aún recuerdo cuando con frases, risas y buen humor me decías que seríamos amigas por y para siempre, cuando me pedías que no te olvidara nunca… ¡¿Cómo iba a olvidarte?! Ti, que a mis espaldas has intentado herirme, aturdirme y derribarme, no puedo certificar que bajo la mala influencia de un Pepito Grillo envenenado por la envidia y el rencor, pero sí puedo asegurar que mi lealtad en ese sentido está sentenciada y asegurada. Puesto que yo no soy de golpes a la espalda, ya que son poco nobles y muy desleales, y que mi objetivo nunca has sido tú, sino tu mala conciencia. Así que buena amiga, sigue dependiendo de tu Pepito Grillo para pensar y decidir, sigue demostrando lo sucio que juega y sigue gritando a los cuatro vientos que tu vida le pertenece. Y así quizás los demás vean lo necia que eres, puede que, por compasión, intenten ayudarte y, que a ellos les hagas caso. Yo sólo pretendo recordarte que una amiga no es un estuche que puedas cambiar o comprar y que la personalidad no es un regalo que te pueda hacer tu conciencia. Buena suerte.
Muy atentamente, tu ángel de la guarda.