
Y sé que volverá…
Se fue, como se puede ir la brisa marina una noche de verano; como puede marcharse un ave migratoria cuando llega el invierno.
No sé si volverá, si, alguna vez quiso volver. Mientras, yo la esperaba aquí sentado, como siempre. Esperando quizás, que, tras aquella cortina de lluvia apareciese su empapado cabello y su particular sonrisa; esperando quizás, ver un rostro de aquella inocencia que tanto añoraba.
Quizá la culpa es mía, quizás debí detenerla pero ya es tarde para lamentarse. No obstante sigo esperándola, pensando, cavilando, la posibilidad de que regrese.
Ahora todo esto se ha vuelto demasiado tranquilo, el sol no brilla como antes, la lluvia se ha apoderado de nuestro sendero. Su árbol, nuestro árbol, ya no significa lo mismo para mí si no está ella allí sentada, leyendo, dibujando o simplemente contemplando el paisaje. Las nubes dejaron de tener formas hace mucho tiempo. Ya no soy capaz de recordar aquella canción de cuna que tarareaba cuando intentaba tranquilizarme, no soy capaz de recordar el camino hacia la gruta que usábamos para resguardarnos de la lluvia.
Intuía esto, supuse que, no era del todo feliz. Pudo ser culpa mía, debí decirle lo que sentía, ahora que no está estoy cien por cien seguro de que la amo. Si pudiese, la acompañaría a donde quiera que fuese, pero, probablemente no sea correspondido, probablemente se haya ido por mi culpa, porque, aquí, no hay nadie más.
Pasa el tiempo y la sigo esperando, han pasado quizá años, no estoy seguro, hace demasiado tiempo que dejé de vivir, dejé de existir. Tan solo la espero. No sé qué pasa ahora, no puedo ver otra cosa que no sea aquel hermoso lugar, la veo reflejada en la lluvia, en su árbol, en el río. Está en todas partes y en ninguna. He perdido la noción del tiempo, un minuto puede hacérseme eterno, o quizás un día demasiado corto. No, era corto cuando estaba junto a ella. Ahora todo esto es insufrible.
He salido a su busca, ahora sé que han pasado muchos años desde entonces, ya no soy el niño que era, probablemente ella tampoco sea la niña de entonces, sus facciones serán más finas, y no tendrá la misma inocencia con la que la recuerdo, su pelo, no volverá a entrelazarse con las hojas de los árboles, nunca más. Y la busco y buscaré, hasta que la encuentre. Todavía recuerdo las muchas ciudades que nombró en aquella lejana época en la que seguía junto a mí. Londres, París, Nueva York, Irlanda, Berlín, Tokio, California, Cansas, Florencia, Venecia, Milán. El mundo es demasiado grande como para encontrarla. Pero aun así la buscaré.
Y aquí estoy, buscándote. Eres como el final del arcoíris, rara vez apareces cerca, y cuando te busco, nunca te encuentro. He llegado a creer que te has convertido en mi caldero mágico, aquel que siempre se menciona pero nunca aparece. Que eres como una flor, que, una vez que se marchita, nunca renace. ¿Dónde te habrás metido?
No puedo creerlo, han pasado cuatro años desde que la busco y aquí está. No es la misma. Su cara, antes ovalada y achatada se ha perfilado bastante, sus ojos que solían brillar como dos enormes diamantes, se han rasgado y convertido en dos pequeñas ranuras que muestran un pedacito de cielo. Ya no sonríes como antes, y tu pelo ya no es lo suficientemente largo como para enredarse por las sendas de los árboles, ya no eres pequeña, no eres mi pequeña, has crecido. No me hablas con la inocencia, dulzura y cariño de antes. Se esfumaron, ahora eres fría como el hielo. Pero ya no eres mi princesa, ahora eres mi reina. Mi reina de hielo.
Me miras y te miro, es algo molesto. Apenas te acuerdas de este pobre chaval que te siguió, que te amaba, aquel que abandonaste en un pequeño sendero de un bosque el cual no recuerdas. Pero no importa, porque estás aquí, es suficiente para mí.
Y ya no me dices adiós, se ha cambiado tu expresión, ahora sonríes, eres la de ayer, y me dices, que, hay demasiadas cosas que te hicieron marchar, pero, que, lo hiciste por mí, porque no querías verme sufrir. Y me dices mil veces perdón, pero no soy capaz de decirte lo mucho que te he extrañado, lo mucho que te amo. Por miedo a que te vuelvas a marchar, como hiciste una vez, como probablemente nuevamente harás.
Por eso, seguiré siendo aquel amigo, que te siguió hasta el final. Solamente un amigo en el que puedes confiar, aquel que, se encuentra a tu lado, si necesitas llorar, aquel que, no puede decirte lo mucho que desea que le entiendas. Y me conformo con verte sonreír, con estar contigo como lo estuve ayer, olvidando el tiempo en el que te esperé, y volviendo a como era todo en un principio.
Porque la simple idea de que te marches, me produce escalofríos.
Y te seguiré amando, como siempre, desde las sombras.
4 comentarios:
Hola ^^
Bueno ya lo dije en su momento y lo vuelvo a repetir:
Estoy enamorado de vuestra imaginacion el texto me parece precioso.
Espero que no dejes de escribir cosas como esta y no olvides nunca lo que buscas ^^
Adios.
Hola Nao :) A que no sabes quien soy?xDD
Pues que me mola lo que escribes,curioso xD
Palabras resuenan, recuerdos rechinan y solo las frases diran lo que uno siente de verdad.
La pregunta siempre sera igual que sientes tu de verdad?
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